viernes, 22 de noviembre de 2013

Historias del pasado



Esperando en la calle, paraguas en mano, lluvia, frio. Giré mis pasos buscando un lugar donde guarecerme y allí apareció aquel escaparate, de luz amarilla, objetos antiguos, bellos, cuidados para ser exhibidos. Mis ojos se posaban en todas esas bellezas del pasado, a cual más hermosa. Una voz me decía "¡Vete, que luego entras y compras!, pues siento una especial debilidad por todas estas cosas.

En la puerta había un hombre, de mi edad aproximadamente, con unas gafas, de esas modernas que se abren por el medio, colgando a modo de collar. Observaba el espacio, al garrafal tiempo, sin ni siquiera mirarme, aunque yo internamente, sabía que  lo hacía. "Un cliente", pensaría sin más. Pero no demostraba, sin embargo, ninguna avidez. Algo me hizo entrar, cosas de la vida.

"Si lo desea, puede dejar su paraguas aquí." me indicó con un marcado acento alemán, mientras su mano señalaba un precioso paragüero de forja metálica muy viejo.Decliné. Mi paraguas no estaba muy mojado y no quería estropear aquella preciosidad.

Había visto una pequeña figura de un zorro en una vitrinita. Le pregunté el precio. "Si", me dijo, "esta figura es especial, vienesa, de finales del  XIX, lleva mucho tiempo aquí. "sonrió," Es por el precio". Sostuve la delicada y carísima  miniatura entre mis manos. Una tienda maravillosa, un caballero alemán de conversación culta y agradable. Hablamos de gustos por el arte, los muebles curvos, las jarras de cerveza, las cajas antiguas, los joyeros, joyas...y se me hizo tarde, como  la Cenicienta. Prometí volver.

Ese hombre del pasado, ese recinto lleno de recuerdos, dio un giro al tiempo y el ayer se volvió presente. Puedo decir, que un vendedor desconocido, fue mi amigo, mi conocido de toda la vida durante un instante, como si al cruzar esa puerta, lo ocurrido en tiempos remotos fuera mi presente.
Sentí pena al salir. "Me tengo que marchar", le dije casi disculpándome," me encantaría quedarme aquí toda la tarde...o toda la vida entre estas maravillas" dije arrebatadoramente," pero volveré".
No se si tendré otra ocasión tan intensa como esta para experimentar y percibir que el tiempo no existe, la relatividad del todo, hasta de nuestros sentimientos.