lunes, 28 de agosto de 2023

Decadencia


 
Vestido de profeta del amor se vendió barato el verano. Un olor nauseabundo a corrupción, injusticias y alimañas envuelve el ambiente festivo. Ojalá finalice pronto ya tanto canturreo, tanta cháchara asfixiante y ceda al devenir devoto del justo silencio. Añoro mis pasos en las alfombras crujientes del otoño y rozarme con el silente camino que he elegido.

Recuerdo, mi delicado espíritu quebrado hace ya mucho tiempo. Culpable fue, me dije a mí misma,  el aire que soplaba picaresco, un hereje incómodo tentando mi tiento. Caprichoso aquel momento que se quedó en mi memoria, arrebatado y deshonesto. Por eso, no soporto ya ni siquiera mi propio infierno y suplico , en mi desamparo, que me lleve la vida a término.

Envueltos están los troncos de hojas verdes decadentes, mis ojos de lágrimas cubiertos. " ¡Vive la vida, vive el momento !", gritan del suelo sus vástagos junto al barranco cubierto. Recluida en esta cárcel agoniza  mi alma con dolor y ya... de nadie, la verdad, nada espero.

Isabel Bravo 2023 ©

domingo, 11 de junio de 2023

El bosque impenetrable


                                  (Imagen del poema "Cuadros ocultos" de la obra "50 diferencias de madrugada". Editorial Diversidad literaria 2025 ©)


Me fascinan los rincones oscuros, esos que están ocultos entre árboles verdes y sombríos. Esos, que a veces,  me hacen  olvidar este mundo plagado de historias que cuchichean envidias y soberbias.

Con esa habilidad que tiene lo extraño, surges tú, en ese recóndito misterio, entre el silencio monótono de un viaje en automóvil. Mi mirada perdida en las ventanas como siempre, despliega inocente, diapositivas de carreteras, montañas y peraltes metálicos... Son, cuando menos lo espero, los recordatorios de esa rareza tan tuya. Eres tú. el que me provoca toda clase de remembranzas,  consiguiendo que aún tiemble de placer sintiendo tu cuerpo y el mío, tan vivos y tan cercanos, como el primer día. Es tan sobrenatural, que tengo miedo.

Como si me acariciaras, transcurren los minutos, en ese vaivén de ilusiones. Imagino lo imposible. Hace mucho que estoy resignada a la triste tarde que indica la altura del tiempo, la que me anuncia que ya pasó el momento y el lugar. Nunca el ayer estuvo tan lejos. Y en un acto de desesperación, te escribo a deshoras, cuando duermen los caminos. Siempre fui trovadora que gritaba justicia. No había sordo que no me escuchara, ni ciego que no me leyera. Pero hoy, parece que nadie siente mi pena, ni siquiera, aquellos que decían que me comprendían. Mis horas bajas lanzan cuchillos sin filo en las puertas de los locos. Y ellos, que parecen ser los más cuerdos, son clarividentes que logran desprecintar al fin, el sentido de mis palabras, descubriendo este discurso de amor.

Y aquí, entre pan y pan, coloco mis sentimientos, para que los muerdan con los dientes mis odiadores. Mi historia servida en bandeja, para que sea digerida por este dragón que es la vida, una vida que solo me ofrece un cuerpo, cuando sabe muy a ciencia cierta, que lo que yo más deseo, es poseer toda su alma divina, ese bosque impenetrable que por desgracia, jamás será mío.

Isabel Bravo©


jueves, 13 de abril de 2023

El beso

 


Fue un beso afónico en el eco de un solar vacío. Un beso secreto, robado, cedido, deseado, suplicado por mis ojos. Un momento entre miedos y temblores.

No dudaste en poner una mano en mi pecho, forzándome a entrar en tus labios de golpe; ¡ay, tu boca de matices quebrados y misteriosos!

El silencio murmuró una censura leve, pero tú me besaste sin dudar, y yo te besé, despertándome de un largo letargo sin sexo, saboreando con placer tu mucosa sonrosada y húmeda. 

Fue, sin duda, el beso.

Isabel Bravo©

jueves, 23 de marzo de 2023

¡Despierta, primavera!

 



Duele el alma con frecuencia de tanto gritarla. Hay muchos textos que son, con franqueza, reveladores. Contienen las dosis necesarias de desesperanza, de tristeza y de inquietud, dejando nuestro interior casi afónico.

 

La poetisa norteamericana Sara Teasdale, fallecida por sobredosis en 1933, escribió esta sobrecogedora poesía:

"Vendrán lluvias suaves y olor a tierra mojada,

Y golondrinas rolando con su chispeante sonido;

Y ranas en los estanques cantando en la noche,

Y ciruelos silvestres de trémula blancura.

Los petirrojos vestirán su plumoso fuego

Silbando sus caprichos sobre el cercado;

Y nadie sabrá de la guerra, a nadie

Preocupará cuando el fin haya acabado.

A nadie le importaría, ni al pájaro ni al árbol,

Si toda la humanidad pereciera;

Y la propia Primavera, cuando despertara al alba,

Apenas se daría cuenta de nuestra partida."




Me hace pensar que la vida no ha cambiado en absoluto y que el mundo sigue siendo muy superficial, despreciando la naturaleza y aferrándose a lo material sin tener en cuenta los peligros que contiene nuestro propio egoísmo.

Este misterio que es el amor, parece que a nadie le importa ya.



domingo, 26 de febrero de 2023

Estrellita

 El compositor y pianista mexicano Manuel Ponce, es uno de los compositores más importantes del nacionalismo de principios del siglo XX. Nos dejó melodías tan conocidas como La Adelita, La cucaracha o Las mañanitas, además de otras muchas más, arregladas para la voz y el piano, después de su trabajo como investigador en las melodías populares de su país.

La inolvidable pieza "Estrellita" interpretada por cantantes y músicos tanto de ambiente popular como clásico es quizás, una de las más bellas melodías de todos los tiempos. Compuesta en 1912, se dice que no registró la canción a su nombre en autores y a pesar de ser muy interpretada y conocida, nunca le reportó ningún beneficio económico. Ponce, fue un músico muy reconocido en su época, componiendo desde muy joven  obras para música de cámara y orquesta.

La letra, es una nostálgica canción de amor en la que, implora a la estrella del cielo que le de una señal, bajando desde lo alto para decirle si la mujer que ama le corresponde. Se le atribuye también el sentido de un canto a la efímera juventud  y al sufrimiento del amor no correspondido.

Isabel Bravo©


miércoles, 14 de diciembre de 2022

Suspiro

 


La genialidad de un puente circunstancial dibujado entre dos caminos paralelos estaba en el rio plateado que inspiró este suspiro tocado por el alma.

Seguramente estuvimos apoyados en el mismo quicio del muro que nos separaba. La otra orilla vio mi saludo cercano y alegre, pero tu boca, que no estaba enmudecida, no dijo nada. No salió de ella, ni una sola palabra.

Contemplé las posibilidades que nos marca la vida y comprendí, mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de compasión, que quizás un fonema más alto que otro, una tilde en el sitio inadecuado o un equívoco sangrante y desdichado, nos había separado entre corrientes.

Tu sabes que vamos al mismo puerto. Llega diciembre con mi pie en el sitio, caminando, firme a veces, resbalando otras; tan cargada de desniveles está la vida que un día,  llegaré a ese momento en el que se me partirá el suelo y ese segundero que nos conduce a la deriva me marcará la cuenta atrás. Él sabe muy bien cuanto tiempo nos queda, pero no nos lo dice.

No me quiero ir sin demostrarte lo que siento, aunque quizás a ti ya no te importe. Por ello, me atrevo y no me atrevo, pero al final, dejo caer este lamento, escondido entre el silencio, por si algún día lo encuentras entre las tapas viejas de los libros olvidados, dibujado un corazón con un te quiero, al lado.

Isabel Bravo©

domingo, 6 de noviembre de 2022

Consuelo de tontos


 Soy antigua. Un facsímil pasado de moda; puedo retornar al 2021 con una facilidad bárbara.  Camina, sin embargo, un pregonero anunciando  desnudas ramas, viriles miembros entrelazados, serpenteando burlones noviembres que van a diciembres junto con mi hambre y mi condena.

Y digo yo, que hemos pasado de la higiene absoluta de hace un año, al descuido total. Ya no importa el salivazo de la tos impertinente en los teatros, con su correspondiente caramelillo envuelto en celofán acústico; tampoco los wáteres públicos sin papel para las manos, ni siquiera nos recomiendan que utilicemos aquel gel con olor a alcohol rebajado. Parece que ya no importa el rebaño vacunado; ahora más que nunca, el reto parece ser que es, llegar a fin de mes, sobrevivir en la precariedad,  mientras se ha recuperado aquel olor a meados en las esquinas de los subterráneos.

Y ¿Qué os digo yo de los besos? Tiempo de carantoñas, sin duda, posesos y  ávidos de lo que no tuvimos. Mientras tanto, muere gente en silencio, pero nosotros no lo sabemos. Tantas veces han anunciado el fin del mundo, que un día puede que llegue de verdad,  y estaremos como el pastor incrédulo: vendrá el lobo por sorpresa (igual en forma de cohete) y a mí, seguro que me pillará tomando un café en una taza vintage, sola, con mi alegría particular.

Y es que íbamos a ser mejores personas, proclamaban los expertos; y viendo ahora, lo que veo, consuelo de tontos, sólo se me ocurre leer a Quevedo y discúlpenme ustedes por ser ya tan mayor y estar tan cansada de tanta tontería: me quedo filosofando.


  "Qué desengaños son la verdadera riqueza":

 ¿Cuándo seré feliz con mi gemido?

¿Cuándo sin el ajeno afortunado?

El desprecio me sigue desdeñado;

la envidia, en dignidad constituido.


U del bien u del mal vivo ofendido;

y es tan insolente mi pecado,

que, por no confesarme castigado,

acusa a Dios con llanto inadvertido.


Temo la muerte, que mi miedo afea;

amo la vida, con saber es muerte;

tan ciega noche el seso me rodea.


Si el hombre es flaco y la ambición es fuerte,

caudal que en desengaños nos e emplea,

cuanto se aumenta, Caridón , se vierte.


Francisco de Quevedo