miércoles, 6 de enero de 2016
sábado, 19 de diciembre de 2015
Apariencias
Aquel día fuimos a comprar con gran ilusión el coche que gustaba a mi familia y por supuesto a mi también. Mi marido y yo entramos en el concesionario y vimos que las dos personas que atendían estaban ocupadas. Así, nos acercamos a ver los coches y los modelos diferentes que se ofertaban.
Había uno que me encantó porque tenía todas cosas que nos chiflaban y lo admiramos un buen rato. Teníamos muy claro que es podía ser el coche que queríamos.
En ningún momento nadie se acercó a nosotros para decirnos que enseguida nos atendían, pero si que pude observar como otra mujer entraba y era prácticamente atendida de inmediato. Con las mismas, me acerque a la vendedora y la comenté: "hola, llevamos un ratillo esperando porque queríamos preguntar por este coche". La vendedora casi ni me miró a los ojos, si lo hubiera hecho, quizás hubiera visto el brillo de interés en ellos, pero sólo vi una expresión furtiva como de desprecio a mi persona. No iba tan bien vestida como la que había entrado, unos vaqueros y una camiseta, no llevaba joyas, mi rostro cansado porque venía de trabajar. Mi marido con camisa de manga corta, con barbas. Quizás pensó que con nuestro sueldo no nos alcanzaría ni pagar la puerta de ese coche. Mi voz no era tan nasal y afectada como la de la mujer que había entrado, oliendo a Chanel nº5...¿Cómo me atrevía a entrar en ese concesionario sin pedigrí?
Su respuesta fue muy breve: "Es muy caro". Gracias a Dios omitió el para usted, pero con lo dicho y viendo que volvía a atender a la otra mujer pasé a la acción.
Miré a mi marido y sin decir mas que un suave,gracias que creo que ni siquiera escuchó, no hice como en "Pretty Woman". Opté por ir a otro concesionario y decidí que quizás ese coche no era para mi ni para mi familia.
En el otro sitio compré mi actual coche, me atendieron perfectamente y si que pude ver la sorpresa del vendedor, cuando al ofrecerme modalidades de pago aplazados,lo pagué a tocateja. En aquel momento podía permitírmelo porque había ahorrado para ello.
En casa con más tranquilidad, pensé en aquella mala vendedora que ni siquiera me había querido atender;mal entrenada seguramente,a sacar conclusiones comerciales y a juzgar a las personas por su aspecto.
Ayer una amiga me recordó la historia de Gaudí, que murió atropellado con 73 años y que fue confundido con un mendigo debido a su descuidado aspecto. Ningún taxi quiso llevarle al hospital y ya tarde fue llevado a un hospital donde falleció.
Y así muchos casos más, donde se juzga la apariencia . Adivinar lo que hay en la mente del otro y hacer conjeturas enjuiciando el exterior nos puede llevar a cometer equivocaciones. Lo evidente es lo menos claro en lo que se refiere a la forma.
domingo, 15 de noviembre de 2015
La vida es como...
"La vida es como una marea que sube y baja. Permanece tranquilo. No te adormezcas. Despierta. Trabaja con amor. La vida es breve. Mira hacia delante. El día está muy cerca. La muerte es la hermana del sueño. No hay tiempo que perder. El camino verdadero de la vida consiste en amar a los otros, ser amigo de todos. Respeta a los demás. Lo principal es la paz más el amor."
(Memorias de un yogui. Ramiro Calle)
(Memorias de un yogui. Ramiro Calle)
domingo, 18 de octubre de 2015
El arte de la transformación
Rota, sucia , inservible. Así te llaman.
Una pieza despedazada que pide una segunda oportunidad.
Nunca volverás a ser igual, partida en dos, fracturada. No hay fragmentos para unirte, aún así pareces implorar una reconstrucción.
Golpeada y arañada...se acaricia su color, se oscurece.
Barniz para que brille y matices envejecidos para disimular sus pliegues y carencias.
Más mimos a su madera antes clara y apagada, ahora con solera.
Soporta el peso de un nuevo trabajo y así, vuelve a la vida.
lunes, 12 de octubre de 2015
sábado, 19 de septiembre de 2015
Juicios y opiniones
Me sigue asombrando la facilidad con la que muchas personas encasillan o etiquetan a otras.
Nos desconcertamos cuando alguien que ha tenido una relación fortuita con nosotros, sea capaz de apostillar o insinuar cómo somos, opinando en plan psicólogo imprevisto, a veces,en nuestra propia cara o peor aún, por detrás.
Parecemos en boca de esos ponentes productos de un supermercado: sin gluten, picante, bajo en sal, ecológico o de sabor tradicional. Pero por desgracia, esa irreflexión del juez casual de oficio,da credibilidad a la injusticia y a la calumnia personal.
Dependiendo de la calidad de la audiencia y del marketing con el que se vende la falacia, el descrédito de la persona o personas en cuestión, está garantizada. Y ahora mucho más con el apogeo de las redes sociales.
Por eso, seducidos por la clasificación irreal pero creíble o que se desea internamente aceptar, nos equivocamos una y otra vez dando conformidad a las hipótesis y a los dimes y diretes.
Nos piden a muchos profesionales títulos y papeles para poder ejercer nuestra profesión. Engordamos nuestro conocimiento o trabajamos infatigablemente para poder ser mejores. Una sola palabra de un opinante imprudente puede etiquetar al mejor profesional en un inepto. Así funciona la difamación del arte de la dialéctica.
A este respecto, decía el monje taoísta Zhuanzi:
" No se hace caso de las gentes honestas, y se estima a los pillos trepantes; se abandona el plácido no-actuar, y se estiman las enseñanzas de los charlatanes. Son estos charlatanes los que han trastornado al mundo".
Y sobre aquellos charlatanes que opinan y juzgan , el jesuita Baltasar Gracián decía:
"La mejor señal de que uno carece de méritos es dedicarse a quitar méritos a los demás. Parecería como si quisieras limpiar tus manchas manchando a otros, en vez de limpiarlas por ti mismo"
Por eso quien más escarba, más se enfanga. El hombre necio desprecia a todos porque ignora donde está lo bueno y valioso de las personas y solo ve el mal.
Buscar la verdad es humano y debemos buscarla para salir de dudas muchas veces,porque necesitamos opinar, saber, descifrar las actuaciones de las personas y diferenciar al ser honesto del inmoral.
Extraño sería que un sabio opine o aconseje porque el sabio valora lo mejor de todos sin juzgar y es moderado en sus apreciaciones.
domingo, 16 de agosto de 2015
El árbol de Idefix
Cuando un árbol tiene una raíz excesiva en el terreno asentado puede derribar muros, levantar el suelo o incluso derribar una casa, en su búsqueda del agua. Antes de plantar un árbol aconsejan los expertos examinar el tamaño del terreno, pensar bien qué especie queremos colocar y qué tamaño nos ocupará.
Parece una lección de vida que se puede aplicar a cualquier proyecto que queramos hacer.
Hay árboles que de por sí ya son especies agresivas como el chopo o el abedul y precisan mucho terreno y frenos que impidan su crecimiento. La poda y el riego son remedios para controlar cualquier desastre futuro.
Difícil es tener que tomar la decisión de talar o eliminar uno o más de un árbol. Terrible es ver como un bosque es aniquilado para producir madera y más cuando es incendiado por desalmados ,victimas de su demente piromanía.
Esto me hace recordar a Idéfix, el perrito de las aventuras de Asterix de Goscinny-Uderzo, que sólo tiene una idea en su cabecita (de ahí viene su nombre, del francés, Idée fixe): salvar los árboles.
Idéfix es un perro ecologista que ama los bosques y sus árboles, al que le encantan los huesos y llora con mucha aflicción cuando Obelix arranca de cuajo uno de ellos para atacar a las hordas romanas. Sería muy sencillo escuchar a Idéfix y cuidar mucho más nuestro entorno y nuestros bosques.
La chulería y el orgullo del ser humano imbécil de poder se topa con la ingenuidad del que cree que se debe de respetar aquello que fue sembrado , hincado o fijado en tierra.
¿Qué más da si el viento, el fuego o el mar arrasa con todo y nos despoja de aquello que creamos? ¿podemos acaso volver a fundarlo? El cretino orgulloso dirá que si, pero no.Por de pronto, ya nunca será el mismo bosque, donde enmudecimos con el mecer de sus ramas, con sus sombras y sus luces, con sus silbidos y sus silencios.
Igual el terreno no era el adecuado, quizás la semilla no fue la apropiada...
Antes de plantar un árbol, piensa bien lo que quieres hacer, hasta donde quieres que crezca, controla sus plagas para que no vuelva a morir o a desviarse. Habla con Idéfix. Su inocencia te responderá.
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