miércoles, 27 de mayo de 2015

10 afectos






En el arte, siempre se han utilizado las emociones humanas para alcanzar las cotas de expresividad suficientes que lleguen al corazón humano. Aristóteles o Pitágoras ya sabían que un modo o la frecuencia de una nota tenía un carácter diferente y asociaron esas vibraciones con los afectos humanos. Así iniciaron la teoría del Ethos y con ello la Acústica musical.

Así se describen los primeros 10 afectos de una lista de 48 recogida en textos de la Antigüedad :


I.  El deseo es la esencia misma del hombre en tanto es concebida como determinada a obrar algo por una afección cualquiera dada por ella.


II.      La alegría es la transición del hombre de una mayor a una menor perfección.


III.    La tristeza es la transición del hombre de una mayor a una menor perfección.


IV.    La admiración es la imaginación de alguna cosa en la cual el alma permanece absorta.


V.   El desprecio es la imaginación de alguna cosa que toca tan poco al alma, que el alma misma, por la presencia de la cosa, es movida a imaginar lo que en la cosa misma no existe, más bien que lo que en ella existe.


VI.    El amor es una alegría acompañada por la idea de una cosa externa.


VII.    El odio es una tristeza acompañada por la idea de una causa externa.


VIII.   La propensión es una alegría acompañada por la idea de alguna cosa que es, por accidente, causa de tristeza.


IX.     La aversión es una tristeza acompañada por la idea de alguna cosa que es, por accidente, causa de  tristeza.



X.       La devoción es el amor hacia aquel que admiramos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Sin musas





Hijas de los dioses de la antigüedad, las musas nos susurran al oído el arte que nos quieren inspirar. Se acercan a los mortales con su belleza invocadora para acercarnos a las Artes: la música, la danza, la poesía dramática, la Historia o la tragedia.

Me las imagino como hadas, celosas vigilantes de sus disciplinas, expertas mujeres en sus doctrinas, que saben en qué momento de la vida tienen que aproximarse, abordando nuestra alma hasta hacerla suya.

Más de una vez he oído a un artista hablar de la inspiración que se fue, la musa que le abandonó cuando más la necesitaba. La invocación necesaria con su lamento añadido aparece en muchos textos de poetas, en cantos, en danzas, en las estrellas,,,

Cuando la musa nos deja de amparar, de dar alimento a nuestro espíritu suspiramos por su regreso.No se si es posible que retorne, nos decimos suspirando: no, nos ha abandonado. Nos damos cuenta inesperadamente que falta el calor de su mirada, sus ojos limpios, su psiquis sagrada.

Las Ménades, adoradoras del dios Baco, mujeres dominadas por la crueldad y el frenesí, incapaces de ser razonables, justas o equitativas solían raptar a las musas destruyendo la serenidad, la belleza, el orden, la cultura y el arte en general.
Y esta es la lucha entre Musas y Ménades: la serenidad y la orgía, la razón y el instinto.

Artistas que estáis sin musas, invocarlas, como Dante en la Divina Comedia, como los clásicos en sus escritos epopéyicos, pero no dejéis que se marchen, como las golondrinas de Becquer, porque sino, nunca más volverán.